EL SILENCIO

Jana Styblová

Escribía a un sordo. El sordo también era mudo.

El eco de su silencio hacía que tampoco podía oír sus palabras. Un día se preguntó que pasaría si gritaba. Pero no pudo emitir ningún sonido. El grito estaba tan hundido que no llegaba a la superficie. El grito había decidido expandirse por su cuerpo. Un grito denso que al cabo de unos días obturó sus arterias. Ahora su sangre hirviendo se encontraba con la imposibilidad de llegar a los puntos extremos de su cuerpo, convirtiendo sus manos, pies y cabeza en una materia helada sin vida. Toda la sangre bullendo en su centro. El órgano vital a punto de derramarse.

Había una cierta urgencia en encontrar una solución, un remedio casero o una operación compleja. Descartó cualquier acto previsible, por miedo a la repetición y por prever caídas esperadas. Se trataba de ser original, de recurrir a algo cuidadosamente diferente. Pero no se le ocurría nada. Como antes dicho, su cabeza, y por lo tanto también su cerebro, estaban helados. Un paisaje desolado sin potencial.

Se preguntó que haría una persona racional en un caso similar. Pero no era racional, era sentimental. Y la herida, en vez de privarle de sentimientos le había privado de pensamientos. 

Un animal de carne viva. Carne quemando. Brasas de una barbacoa consumida con prisa.

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No fue después de meses que entendió el valor del silencio. El silencio era el dialogo supremo de un ser comunicativo. El silencio era otorgar al otro un regalo sin precedente. Las palabras con su característica finita nunca podrían haber sido tan generosas como la infinitud del silencio.

Y de ahí empezó todo. El silencio a poco tiempo de ser entendido y aceptado se hizo discreto. Su vida retomó su curso sin pretensión mientras ella iba respirando al lado del silencio. De vez en cuando se le ocurría mirarle y agradecerle y el silencio le contestaba con otro momento de silencio. Sutil, entero, integro. Poco a poco desaparecían   . 

Ella dejaba de     y       no         .

El             se              

                  aunque                    .

     

                                                El

             silencio                                                                  

 

                                                se quedó.